viernes, 14 de septiembre de 2012

las personas con discapacidad el 2 de octubre se echan a la calle...


El día 2 de octubre las asociaciones de personas con discapacidad andaluzas, bajo el paraguas del CERMI, se echan a la calle para reclamar y reivindicar a la Junta de Andalucía que no retroceda en la consecución de derechos para las personas con discapacidad, se echan a la calle para decir bien alto "no a los recortes", para pedirle a la Junta de Andalucía que pague las deudas contraídas con el movimiento asociativo y que se deje de historias y apueste por el progresismo, la igualdad y la tolerancia.

La crisis económica, las políticas de recortes sociales,  la situación de desventaja y desprotección en la que seguimos viviendo tanto las personas con discapacidad como las asociaciones que seguimos luchando por nuestros derechos nos obliga a manifestarnos, a salir a la calle para reivindicar que no se nos puede dar de lado y olvidar todos los derechos que hemos conseguido a lo largo de estos años de democracia, que no se nos puede dejar encerrados en el cajón, ni a nosotros como personas, ni a nuestras asociaciones como nuestros legítimos representantes.

Por eso vamos a salir a la calle el día 2 de octubre; a las 11.30 de la mañana estaremos en los aparcamientos próximos al palacio de San Telmo (junto al pabellón de chile), en Sevilla

Que sepa Sevilla y toda Andalucía que nos manifestamos no sólo por el presente, también nos manifestamos por el futuro y necesitamos la presencia de toda aquella persona comprometida con su asociación y con su propia vida, comprometida con la dignidad y con la igualdad, comprometida con la lucha que desde hace años venimos manteniendo; una lucha en contra de la desigualdad y en contra de las actitudes que nos discriminan. La sociedad no puede seguir adelante sin nosotros, ni las instituciones, ni los políticos pueden ni deben hacernos culpables de la crisis que nos azota, por eso para no volver al pasado, para no ser los últimos, la cola de la ciudadanía.

El 2 de octubre Sevilla nos va a oír.

Por todo ello pido a la persona con discapacidad en particular que no se quede en tu casa, que ahí no vendrá nadie a buscarle las soluciones: ve tu a por ellas, ve tú y que nadie tenga que contártelo.

Nosotros mismos debemos ser los protagonistas de todas nuestras acciones. Todos juntos, contra la insolidaridad, contra el olvido institucional, contra los recortes sociales, contra la intolerancia…

El 2 de octubre nos deben oír, el 2 de octubre se van a enterar.

¡Os esperamos, ahora nos necesitamos todos más que nunca!

sábado, 11 de agosto de 2012

Hasta hace unos días pensar en la frase "yo no los voté", de alguna manera, me tranquilizaba, me exculpaba de lo está ocurriendo en España, pero pasa el tiempo y me doy cuenta que de nada me sirve pronunciarla para mis adentros o para mis afueras; los que reaccionan frente al despropósito de Rajoy y sus secuaces somos los mismos, y son también los mismos los que contra viento y marea, y lo que es peor con un sentimiento de revanchismo fuera de lo normal, defienden las acciones del actual gobierno de España como si para los demás de una penitencia se tratase.

Que yo sepa no he hecho nada que merezca que me traten como un delincuente (por favor que alguien le de un repaso a la normativa que cercena el derecho a manifestar mis opiniones personales y mis posicionamientos colectivos); tampoco he cometido, ni yo ni nadie, ningún despropósito económico ni laboral para que en el ambiente se huela el tufillo de un paro que avanza y nos va llegando a más cada vez, un tufillo de bajada de sueldos general, pérdida de derechos sociales, laborales y económicos y lo que es peor la sensación de que todo lo que ocurre me lo tenía o nos lo teniamos merecido.

¿A qué viene tanta involución, tanta marcha atrás, tanto recular, tanto miedo en el ambiente y lo que es execrable, tanta ignorancia? Tanta ignorancia y tanta mala leche. Eso es lo que hay de sobra, a espuertas y, entre otras cosas, por eso ya no me creo ná de ná, y lo que es peor me reafirma en el pensamiento de que no debemos creernos ná de ná. Los miembros de un Sindicato deciden entrar en un hipermercado y llevarse comida para darla a los necesitados y los poderosos en lo primero que piensan es en como castigar a los responsables, todo ello teniendo como catecismo las leyes que ordenan nuestra convivencia, sobre todo las leyes que defienden el poder y el status de los que poseen, frente a las necesidades de los desposeidos, pero en cambio qué poco caso hacen de las leyes que defienden a los débiles (ley de la dependencia, leyes sindicales, leyes y normas que protegen a los trabajadores). ¿Qué está pasando?

Yo no los voté, pero eso no quita para que los que si los votaron me hagan, en cuanto pueden y con la soberbia que antes indicié, sentirme culpable de tener unos derechos sociales ganados a fuerza de evolucionar, a fuerza de trabajo y más trabajo de tantas familias y generaciones que se han dejado la piel y la vida en y para convertir una sociedad caduca y rancia en una sociedad primermundista; una sociedad en la que sus avances nos han diferenciado de otros mundos y de otras sociedades, aquellas otras que no evolucionaron ni social ni políticamente. 

Para cualquiera esto debería ser motivo de orgullo, pero si tu vecino, el avance de la sociedad en la que vives, te lo tira como arma arrojadiza, como si él fuera el pagador de todos aquellos que tienen derechos ganados, como si él fuera el poderoso que se escandaliza de que la sociedad sonría a los que no tienen, a los que no deberían tener, según él claro, entonces, ante tamaña desconsideración, es la vergüenza ajena la que se asoma a la cara para sonrojarnos, sonrojarnos porque la osadía de la ignorancia vuelve a campar por estos pagos, porque la intolerancia vuelve a mostrar su cara más aviesa. De nuevo la catetez de aquellos que se dejan llevar por quienes nunca los considerarán como iguales, marca la diferencia y las distancias y digo bien, las distancias, porque estos catetos son las hormigas obreras que los que tienen el poder enfrentan a los demás, al resto, a aquellos que a fuerza de ser normales y corrientes no somos dignos de ser iguales.

Que no se engañe nadie, la palabra igual para el poderoso sólo se declina en clubes exclusivos para gente exclusiva, gente que se aleja del "populacho" para diferenciarse, no para ser iguales. No os engañéis, los segundones , los palmeros del poderoso, los ignorantes, los catetos, los que sí los habéis votado, porque por mucho que anheléis su status, no sois de su estirpe, sois solo eso, LOS QUE LOS HABÉIS VOTADO. Vosotros, por mucho que los jaleéis, por mucho que los defendáis y por mucho que justifiquéis sus acciones, no debéis olvidar que después de compartir la misericordia y la compasión del poderoso, que despues de despojaros de la sonrisa sumisa y forzada, en la intimidad de vuestros hogares, algunos a punto de ser embargados, también sufrís la vergonzosa situación a la que nos está llevando este gobierno: cada vez menos dinero, cada vez menos capacidad adquisitiva, cada vez más parados en las familias. 

Eso es lo que nos queda, sólo que para calmar su conciencia, los que están en el "taco" lo llaman "estar jodidos pero contentos", supongo, ya que me resisto a pensar que ese pensamiento haya salido de alguien que no tenga prerrogativas, ni derechos exclusivo o una situación acomodada, de alguien normal no. Eso sólo lo pueden decir aquellos que no saben de verdad lo que es estar jodido, porque difícilmente se puede estar jodido y contento a la vez. A no ser que se sea alienado o votante del PP, claro. 

De todas maneras, alienados y alienadas, tened claro que esa alienación, esa ceguera nos os va a llevar a nada. Como esto siga así aquí vamos a caer todos, y por desgracia la cuerda se rompe siempre por lo más débil y cuando se rompa la cuerda, ni a vosotros, ni a nosotros nos servirá vuestro... "LO SIENTO YO SI LOS VOTÉ".

domingo, 5 de agosto de 2012

No entiendo cómo nos puede sorprender lo de Ana Pastor, hay muchos amigos que en sus muros de Facebook están colocando imágenes de la periodista y la palabra CENSURA..., ¿qué esperabais almas de cántaros? ¿De verdad creíais que estos del PP venían a arreglar nuestro País, nuestros pueblos y ciudades? Estos no son más que sicarios del mal y a él se deben. A la iglesia más rancia, al poder económico que es quien le va a pagar el lavado de imagen que necesitarán en las próximas elecciones para seguir gobernándonos, a las asociaciones más inmovilistas, a la destrucción de los servicios sociales y a la restauración de la caridad y la limosna como medio para expiar los pecados que ellos saben que cometen y que ellos mismos se perdonan. Censura es lo de menos, lo peor vendrá cuando ya no tengan nada que censurar porque los demás no tengamos nada que decir: cuando nos hayan anulado la capacidad de hablar, de expresar, de pensar y de soñar. Entonces la palabra censura nos sonará de algo, de algo sin contenido porque ya de nada nos valdrá pronunciarla.

Y al otro lado de la ventana, nada de nada. Sólo yo absorto en su recuerdo: la extraño.

-    ¡Ay mi vida cuanto trabajo, cuantas horas en el tajo para llegar a fin de mes!  ¿Sabes que haríamos si nos tocará la quiniela?

Le hablo aun a sabiendas que ella no responderá, sumida en ese profundo sueño que la silencia. Le hablo aunque sé que la quiniela no nos toca a la gente que trabaja de sol a sol dejándose los ojos, martilleando a zancadas, en máquinas de coser antiguas, ni a la gente que anuncia, a golpe de silbidos, el viejo oficio de afilador.

-    Si nos tocara una quiniela, tiraría esa máquina muy lejos. Sí, mi vida, la tiraría allá donde nadie llega, donde nadie la vea. Y nos iríamos en tren a conocer el mar. Azul, como tus ojos.

Acaricio su imagen con amor infinito sin esperar respuesta.

-    ¡Más quisiera el mar brillar como brillan tus ojos! Ni tu, ni yo hemos visto el mar.

Allí junto a ese soñado mar, me imagino que mi amada parecerá una estrella, una linda estrella de mar. De pequeño, una vecina me enseñó a buscar el sonido del mar en una vieja caracola que fue perdiendo la sintonía marina al mismo tiempo que se me iban cayendo los años, que se me iba la infancia.

-    Y caminaremos por la arena, descalzos, sin importar el color ni los agujeros que tengan los zapatos. ¿Sabes? Se me ha vuelto a abrir el agujero que tapé la semana pasada, con la media suela que encontré en la basura.

Se lo digo bajito, ahora que no me oye.

Casi todas las noches le abro mi alma a una foto antigua, amparado en el secreto de confesión de su sueño, mi amada eterna.


Adaptación de un chiste contado por mi amigo Pedro y presentado a un concurso de Micro-relatos.

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. A esta conclusión llegaban padre e hijo, ambos pastores, en esa charla nocturna. La vida tiene de todo y todo debe ser aceptado con el mejor talante. Nada es eterno.

En su familia la cría y cuidado de ganado había sido la ocupación diaria y eterna. El padre, a sabiendas de que su hijo estaba a las últimas de las noticias de la capital, y aprovechando la confianza que dan las vigilias veraniegas le preguntó a su hijo… ¿qué es un Homosexual?, el hijo le respondió que una persona como ellos dos, sólo que tiene su mirada puesta en los hombres para las cosas del amor y de la familia, que suelen ser personas ordenadas y que a pesar de no poder procrear gustan de adoptar.

El padre se quedó pensativo con la respuesta y hizo otra pregunta a su hijo… ¿qué era un Gay?, el hijo le respondió que al igual que los homosexuales, ellos también ponen su mirada en las personas de su mismo sexo para las cosas del corazón, sólo que son más promiscuos y no suelen pensar de la misma manera que los homosexuales, en la familia y en la adopción, que tenían un simpar gusto para la decoración y el diseño y que solían ser personas, como los homosexuales, muy educadas.

El padre se quedó también pensativo con las respuesta, como si la mascullara. Por último, sin dejar de mirar las estrellas, preguntó a su hijo… ¿y una maricona? El hijo se incorporó y le respondió.

- Una maricona es uno que quiere que el Betis baje a segunda división.  

jueves, 22 de marzo de 2012

BLUES DE LAS LAGRIMAS

Un llanto se escucha
en la gran ciudad.

La cálida noche empieza a matar
a gentes que adoran
a dioses que lloran
lágrimas de metal.


La calle está sola,
tan triste y vacía
que el llanto la llena
y le da hasta alegría.

Adiós a los hombres
y mujeres que aman
el lloro de un Dios
les encoge el alma.

No quieren promesas
ni vanas palabras
sólo esperan la noche
que todo lo iguala.

Un llanto se escucha
en la gran ciudad.

Una ministra arribista

Ayer miércoles, 21 de marzo de 2012, la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, adelantó en el Senado que el PP quiere promulgar una Ley General de Discapacidad con el objetivo de “armonizar” e “integrar” la legislación existente sobre las personas con discapacidad, de modo que se dote de "claridad" y "seguridad jurídica" a la normativa española. Con esta ley se pretende por la Ministra, dar el respaldo jurídico necesario a las acciones políticas generales que va desarrollar su Departamento en estos próximos cuatro años.

Mas concretamente al tratar la cuestión de las personas con discapacidad, la Ministra, informó que el Gobierno de Rajoy se ha puesto como objetivo principal el de “promover la plena igualdad de oportunidades y el ejercicio real y efectivo de derechos en igualdad de condiciones que el resto de los ciudadanos”. A continuación la señora Mato quiso dejar claro que desde su Departamento: "Vamos a promover una autonomía personal activa, la accesibilidad universal, la erradicación de toda forma de discriminación y el cumplimiento de los principios previstos en la Convención Internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad y en nuestras leyes"; prosiguió, “el Ministerio de Servicios Sociales se compromete a trabajar para alcanzar la plena incorporación al mercado laboral de los ciudadanos con discapacidad en igualdad de oportunidades que el resto de la población”, a tal fin se va a promover, en coordinación con el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, la aprobación de un nuevo marco legal de promoción laboral incardinado en esa nueva Ley de Planta que se quiere promulgar, ya mencionada arriba.

Alguien debería decirle a la señora Ministra que no es la primera responsable política que hemos tenido que aguantar las personas con discapacidad diciendo las mismas cosas, las mismas palabras que suenan más a simples devaneos que a verdaderas y ciertos compromisos de acción para con nuestro colectivo. Todo político de nuevo cuño que llega a un puesto de responsabilidad se plantea la idea de cambiar la legislación, debería usted saber que desde hace años, a ese tipo de ley que usted plantea la doctrina jurídica las ha considerado “leges manifesto”, papel mojado con mas intención propagandística que resolutiva. Señora Mato si se piensa usted gastar el dinero de los contribuyentes en acciones que de verdad sirvan al objetivo de normalización de las personas con discapacidad no se lo gaste en burócratas ni en juristas, tan arribistas como usted, gástelo en apoyar la acción de entidades que se ocupan del día a día de las vidas de las personas con discapacidad apoyando sus necesidades básicas. Deje de apoyar a ese innumerable ejército de asesores, políticos/as desnortados/as o “políticos/as manifesto” como usted.

Por último informar a los lectores y lectoras del Blog que el Ministerio de Ana Mato tiene entres sus acciones de futuro, la de redactar el texto del Plan de Acción de la Estrategia Española sobre Discapacidad 2012-2020. en coordinación con las Comunidades Autónomas. ¿Le puede alguien recordar también a esta ministra que su mandato político acaba como muy tarde en otoño de 2015? Que no nos venda su propaganda en forma de Plan hasta el 2020, esos cinco años de regalo no los merece, ya que poco ha hecho para ese merecimiento.



miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA NIÑA FLOJITA DE REMOS

Salió muy temprano de casa de sus padres, no llegaba el minutero a las en punto y su mujer lo esperaba con su hija en brazos junto al casino que abierto ya servía en el bar anises a los parroquianos. La camioneta, como se llamaba en el pueblo al autobús, llegaría a las siete y cuarto y en tres horas estarían en Sevilla.
A pesar del continuo arrullo de su madre, la niña no paraba de llorar, sus ojos verdes parecían querer vaciarse, quedarse sin lágrimas. Era un llanto sordo que renunciaba al sonido. La madre la miraba y no podía creer como aquella niña que antes de las fiebres que la hicieron arder, apenas un mes antes, corría atada por una cinta delante de su abuelo y era todo un volcan de sonidos, ahora callara...
Su marido llegó al poco y acarició la mejilla de su compañera, que no dejaba de mecer a su pequeña en sus brazos, queriendo detener las lágrimas que acababan en la barbilla y de ahí se precipitaban al abismo. Él no lloraba, aunque no por falta de ganas, tan solo miraba al horizonte. Los hombres no lloran se repetía con las lágrimas a punto de saltarle a la cara. El viejo médico les dio una dirección aunque se le olvidó darles esperanzas, no las tenía y no podía ofrecer lo que no llevaba consigo les dijo, pero la insistencia de la ignorancia y la rabia mezcladas acabaron con una dirección apuntada, como si fuera un receta.
El viejo médico no quería que se enfrascaran en un vía crucis por despachos de médicos con o sin escrúpulos, les dijo que aquello había sido una enfermedad llamada polio que se había llevado las fuerzas de la pequeña y que no había mayor cura que le comprensión y el ánimo, que se preocuparan más por hacer que su hija tuviera una vida normal.
Normal era lo último que se les pasaba por la cabeza a aquel matrimonio joven que vivía de la tierra, lejos de la normalidad, lejos de todo. Allá a lo lejos les pillaron las fiebres y el llanto de su hija que se fue quedando sin sonidos como se quedó sin fuerzas.
El hombre pidió dinero a sus padres con el objetivo de visitar la eminencia que el viejo médico les había indicado en el papel con una letra clara, no parecía que fuera de médico.
-          Me han dado veinte duros.
Dijo.
No quería mirar a su pequeña, la culpa, la inmensa culpa lo consumía por dentro y por fuera, sin saber por qué ni cómo en su mente crecía la idea de haberles fallado, como si hubiese cometido un crimen, un único crimen, quererlas.

EL BLUES DEL ADIOS

Una parte de mí se ha marchado,
se ha ido a vivir, a vivir sin mí.
Una parte de mí se me ha roto
y no puedo olvidarla, no la olvido, ni quiero.

Esa parte de mi se vuelve
fría cada mañana, se me antoja lejana
y no puedo abrazarla
porque ya no está aquí.

Esa parte ha dejado vacía
la mitad de mi cama, la mitad de mi alma.

Me quedé si verano
tan solo y soñándola,
 un verano tan raro, tan eterno
que espero con ansia al otoño
que llegará cuando muera mi amor.

Mientras mi locura te canta
te echo de menos y el tiempo pasa.

Sin correr, sin carreras el tiempo sigue
y sigue dando que hablar a una mente perdida
que busca el amor, en pequeñas cosas,
a pequeños tragos, segundo a segundo.

El tiempo interminable, no para
y  mi almohada también me acompaña
en el sentir, en el recuerdo, en esas mañanas
en las que me falta
la parte de mí que me extraña.

La parte de mí que aun ama,
la que dormida te sueña,
esperando tu vuelta,
esa parte de mi aun se rebela
allá arriba
donde el ventilador da vueltas
refrescando la estancia.

EL POBRE DE LOS DOMINGOS

Todos los domingos, desde que mi infancia tiene recuerdos, por las mañanas, aparecía puntual, como dicen que son los suizos. Por aquellos entonces no había mirillas en las puertas y reconocías a los que llegaban por la forma en que llamaban, de oído. El pobre de los domingos que por no tener ni nombre tenía, se apostaba en el umbral y con voz temblorosa daba gracias a Dios por la existencia de mi familia y nos regaba de halagos sin que sonaran falsos, tenía el hablar justo y necesario, el tono sumiso y la pinta que debía tener un pobre, la mirada casi perdida y desesperada, el escaso pelo revuelto, como de no conocer lo que valía un peine ni por conjeturas, la piel cuarteada y ajada y el atuendo a modo, vestía una chaqueta frágil y harapienta, de color tostado, hecha pedazos, o quizá debiera decir, hecha a pedacitos, el pantalón se le iba encogiendo con el tiempo y mi memoria lo coloca justo debajo de la rodilla, dejando ver la espinilla sangrante rodeada de trapos como vendas desangeladas. Mi padre era el que abría la puerta y le daba una moneda con un agujero.
Por qué aquel pobre venía a un barrio tan pobre como el nuestro, por qué se la jugaba cada domingo a que lo insultaran y a veces lo empujaran y vejaran sin aspavientos, con la amenaza a modo de fijación de actitudes o de válvula de escape de conciencias sin conciencia y con tan pocos posibles como el pobre que nos visitaba.
-       ¿Pero dónde crees tú que vas? ¿Vas a venir a pedir a la cárcel?
Mi barrio era un barrio obrero con fama de peligroso, nada más lejos de la realidad, para mí siempre fue un pueblo, al menos así lo sigo imaginando hoy y aquel pobre de los domingos, así lo llamábamos, “El pobre de los domingos”, era una de sus más auténticas figuras o personalidades; a veces imaginábamos, a tenor de los rumores de los envidiosos de siempre, que tenía una doble vida y hacíamos volar nuestra infantil imaginación, unas veces era un peligroso delincuente buscado a la espera de ser capturado o un pirata de los mares del sur, perseguido por no sé quiénes, otras un viejo millonario que pedía por vicio, el vicio de pedir que siempre legitima la virtud del no dar. ¿Hasta dónde puede llegar la virtud? ¿Hasta la negación de la necesidad o hasta la exaltación de la insolidaridad?
Cuando la infancia se me escurrió entre los dedos e iniciaba el camino de la adolescencia dejé de verlo, ya no venía los domingos el pobre del domingo, lo mismo que dejó de venir el ditero y los vendedores de turrón de Castuera, y los que vendían quesos y aceite con aquellas camisas tan anchas. Hasta el lechero dejó de canturrear el contenido de sus cántaras de zinc, aquellas que todas las mañanas alegraban nuestros desayunos, ni el panadero venía de Alcalá, todo estaba cambiando, hasta mi barrio/pueblo cambiaba a mi alrededor, yo también cambiaba o mejor dicho crecía, que quizá era eso lo que pasaba a mi alrededor que todo crecía, todos crecíamos hasta el punto de no ser necesario que cantase el lechero ni el panadero, que el ditero fuese sustituido por un Banco con grandes ventanas o que el afilador dejase de tocar y las mujeres de responderle con pañuelos en la cabeza para ahuyentar la mala suerte.
Cuando dejó de anunciar las mañanas domingueras el pobre se fue de nuestras vidas, dejándonos un poco huérfanos de historias, no así la condición de quienes no tienen nada y aun así siguen llenando mañanas con miradas perdidas y pelos escasos y revueltos sin mayor culpa que ser pobres solemnes y ajados.

jueves, 20 de octubre de 2011

EN TIEMPOS DE CRISIS ALGO DEBE CAMBIAR

¿Cuántos años de inhabilitación le echarían a un juez que desahuciase a una familia porque no puede pagar las letras de su vivienda, insisto, una familia que no pueda, no que no quiera? Imaginen la repercusión que supone en la vida diaria, mensual, anual o como quieran ustedes periodizarla, de una familia un desahucio. ¿Creen ustedes que la vida de esa familia no cambaría?  La que no cambia es la vida de los bancos, si pierden recursos, llega siempre un político con ganas de congraciarse con no sé quién y los reflota, los reflota aunque engañosamente parezca que los compra en beneficio de todos, sin mencionar que tras esa compra se esconden muchos millones de deuda, deuda que tendremos que pagar todos. 
Nuestra sociedad, desde mediados de los años setenta se dio a sí misma un derecho, unas normas por las que regirse y por las que sentirse orgullosos y orgullosas, entre esas normas la Constitución de 1978, norma suprema de nuestro ordenamiento y en la que se recoge el derecho de los españoles en general a una vivienda, en particular, digna. ¿No debe ser protegible este derecho frente al derecho de cobro a tiempo de los bancos? Sobre todo eso, “a tiempo”, que muchas veces lo que transciende es el tiempo, no la intención de pagar o no pagar, sino el tiempo, el mismo tiempo que juega a favor de las entidades financieras que siempre tendrán el recurso del estomago político agradecido que se hará con sus deudas para que las paguen otros, otros  que somos nosotros, el mismo pueblo que puede ser echado de sus casas, de sus viviendas dignas protegidas por la Constitución porque no ha podido pagar a los bancos.
¿Qué vara mide en consecuencia la premura en el pago de la letra de una hipoteca y qué otra vara no mide el olvido de muchas de las promesas que hacen los políticos en sus campañas electorales? Sobre todo cuando esas promesas inciden directamente en la vida de los más desfavorecidos, los que tienen un empleo miserable y precario, los que no cobran porque las administraciones ya sean horizontales o verticales o las empresas más grandes, más medianas o más pequeñas, no tienen con qué pagar, esos o aquellos que no tienen nada que llevarse a la boca que no sea un tetrabrik de vino peleón o un paquetillo de base para evadir, no impuestos, sino momentos, situaciones y condiciones. Quien enarbola esas distintas varas en nombre de la igualdad o de la desigualdad se está olvidando del aguante, del justo aguante que todas las personas tienen y tenemos, el mismo aguante que ya llevó a la gente a la calle a mostrar educadamente su indignación; esa misma actitud, menos educada o digamos menos sujeta a las formalidades que imponen los que no necesitan de la educación, ni de nada para mantenerse en la atalaya del poder, esas mismas actitudes menos sujetas a formalismos se están dando ya en Grecia y no duden que acabarán expandiéndose mientras no cambien ” las cosas”; mientras no exista la seguridad de que uno o una estudia para trabajar en el futuro, de que uno o una se levanta con la ilusión de llevarse a sí mismo o a una familia para adelante, mientras no tengamos claro que nuestros esfuerzos no se dirigen a mantener a la clase financiera o poderosa, que además si falla, será rescatadas por políticos y políticas agradecidos al sistema, mientras esos principios no nos aseguren la dignidad de nuestras vidas, nuestro único norte será errar lo menos posible, vagabundear por un mundo que cada vez entendemos menos o que cada vez nos entiende menos.
Si no tenemos claro a dónde vamos, está claro que habrá que cambiar las condiciones del viaje; es lo que tienen las crisis, en estos tiempos algo o mucho debe cambiar, en sí la crisis no es más que eso, un cruce de caminos en el que tenemos que elegir una nueva vía, una nueva vida, un nuevo camino. No puede hablarse de crisis y que esta sólo afecte a los más débiles a costa de mantener el statu quo, las condiciones de vida, de los más fuertes. O cambiamos todos o aquí sobra alguien o algo y puede ser que no sólo sobren instituciones, ahora la solución por lo visto es ahorrar quitando diputaciones, mancomunidades, bajar sueldos, descontar las pagas… Y todo eso para qué, ¿para que todo sigua igual? Ya han pasado esos días en los que en las terrazas, en los bancos de los parques, esos bancos donde unos y unas se sientan a descansar sin tener que mirar atrás, antes se hablaba de otras cosas, ahora solo se habla de crisis, de bancos, de políticos rateros y políticas rateras, de eso se habla ahora en esos bancos de los parques o de las plazas. Y la indignación y la rabia crece, sobre todo cuando después de hablar y de desfogar nadie tiene la solución, o lo que es lo mismo, casi todos y todas concluyen que la solución la tienen otros y otras a los que no vemos ni conocemos, que no se sientan en los mismos bancos a descansar.
Cuánto ha cambiado el cuento, el otro día en un programa de una cadena sevillana un juez decía que se sentía perseguido, perseguido por un sistema que consideraba una grave lesión para el ordenamiento jurídico en general y para la vida de una familia en particular, que un niño saliese de nazareno en una hermandad de la madrugada. ¿Qué habrá cambiado en la vida de ese niño y en la vida de sus padres después de la estación de penitencia? Seguro que casi nada, si comparamos con lo que le puede cambiar la vida a una familia a la que dejan sin casa, a la persona a la que dejan sin trabajo. ¿Se sentirán igual de perseguidos los jueces que dictan las órdenes de desahucio? Tiempo al tiempo.
Y para terminar un ruego, el mes que viene, el día 20, se abrirán muchos colegios para que los españoles y españolas depositen su voto, depositen con ese voto la confianza en el sistema.
Yo no pienso votar, no me siento conmovido a perpetuar con mi voto el sistema que nos confunde cada vez más, espero que ese día solo se voten ellos mismos, que son los que están convencidos de que todo esto sirve para algo, ya que creo que son los únicos que se lo creen, los únicos que se la juegan; a mí muy poco me importa quién y cómo son los que van a salir elegidos. A lo mejor, el cambio viene después de una altísima abstención, ¿se imaginan una abstención de más del ochenta por ciento?

viernes, 9 de septiembre de 2011

PEQUEÑO RELATO CON PERSONAJES DEL SEÑOR FOLLET

Johnny Ochopeniques se detuvo y ató el asno a un árbol, al pié del camino que llevaba al priorato. Sabía que por allí pasaría el prior de vuelta de Winchester. Lo esperaría y se lo diría sin remilgos, sabía que Phillips estaba muy ocupado con la inauguración de la Catedral, después de tantos años abriría sus puertas el domingo próximo, ese día vendrían gentes de todos los contornos.
Ochopeniques daba vueltas alrededor del asno y sólo pensaba en el prior, tenía dudas, pero sabía que no había marcha atrás, le pediría que dejase al niño celebrar la primera comunión el mismo Domingo.
-Me quedaré aquí a esperar, y en cuanto llegue se lo digo, vaya si se lo digo. Ya sé que puede que vengan el Rey y el obispo, pero mi niño se lo merece. Ahí viene.
Phillips montaba un dócil y viejo caballo. Mientras se acercaba el prior, Johnny se levantó y cuando lo tuvo delante le preguntó.
-Phillips. ¿Podría el niño hacer la primera comunión el domingo?
-Claro que sí. ¿Algo más Johnny?
- ¿Me lo puedo llevar a Euro Disney?